El pasado ilumina el presente

Hablar de algún libro a quien no lo leyó exige un arte, para volver atractivo el comentario, del que carezco.  Así, requiero tu colaboración para que, cuando puedas, elijas la ficción dentro de la ficción: imaginar que las reseñas son sobre libros no leídos, o que ni siquiera existen.

 He leido, en este julio que termina, algunos libros de autores argentinos, todos de mediados del siglo veinte.

 1. Fin de Fiesta, de Beatriz Guido, donde el término de una adolescencia decadente se pretende parangonar con el término del caudillaje conservador cuando surge el peronismo. Las vivencias del adolescente, más complicado que complejo, dan ganas de releer “The Catcher in the Rye”, para olvidar esta novela cuyo ejemplar pongo a la venta.

 2. Las ratas, de José Bianco, donde el prologuista Borges nos cuenta el final: que el narrador es el asesino. La insistencia de que los méritos de la prosa exceden los mínimos de la trama es de una ambigüedad dañina. Ejemplar puesto a la venta.

 3. Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, donde el relato de un secuestro y fusilamiento incompleto hacia 1956 es una película de acción mal narrada y poco emotiva. A menos que la sepamos real.

Un apéndice incluye su Carta Abierta a la Junta Militar, de 1977, que ningún diario se atrevió a publicar. En ella describe los secuestros, tormentos y asesinatos sistemáticos con una fuerza que no ha perdido vigencia. Tras estas atrocidades, el periodista Walsh sorprende cuando dice algo así como “Y esto no es lo peor”. Entonces, pasa a describir las dañinas medidas económicas cuyas graves consecuencias prevé con una antelación que muchos economistas no compartieron, pues esas consecuencias, creían estos, solo surgirían si aquellas medidas no fueran complementadas por otras, como en efecto ocurrió.

Walsh termina la carta diciendo que la escribe y la hace llegar “…sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.”

Al día siguiente, Rodolfo Walsh fue secuestrado de su casa. Por honra a quien entregó su vida en aras de valores que creía más importantes, cual Sócrates, por honra a esta carta, no pongo el ejemplar a la venta.

 4. Zama, de Antonio Di Benedetto. Juan de Zama es un funcionario colonial hacia 1790. Vive amores no correspondidos, escasez de dinero y una vida poco consciente de sí misma. Termina persiguiendo unos bandoleros con un contingente compuesto por esos mismos bandoleros. Raro en su tema, prosa e inquietudes, no lo pongo a la venta mientras lo siga recordando con fruición.

 5. Todos los fuegos el fuego, conjunto de relatos de Julio Cortázar, quien elige mejor sus títulos que su prosa y que de una idea para un cuento breve hace un relato largo. En oferta.

 6. En esta sexta y última novela hay un pasaje sobre el peronismo. No de su ideología, que supongo inexistente, pero sí de uno de los valores culturales de sus militantes. Dice el personaje de la novela:

“En la vida no hay sino, o estar arriba o estar abajo. Y el que está arriba es el vivo y el que está abajo es el pendejo”.

Buena síntesis de quienes consideran vergonzoso no prosperar económicamente desde la política y bochornoso seguir a un líder que no lo hace. El libro es Las Lanzas Coloradas del venezolano Arturo Uslar Pietri. El título hace alusión a los lanceros del caudillo Boves que combatió junto a los realistas contra los republicanos en esas tierras. No está del todo mal. Es una mirada épica, pero no patriotera. Para el que quiera luego leer historia latinoamericana lo pongo a la venta.

 

Es conveniente seguir el consejo del crítico Harold Bloom de leer mal: confundir lo que escribió un venezolano en Paris hacia 1930 con lo que pudo haber escrito un posterior argentino imaginario sobre otras realidades, imaginarle intenciones al autor que éste no pudo concebir.

 Luego, como corolario, puede uno informarse de que el escritor fue político y llegó a presidente de su país. Puede uno reflexionar que su mirada, que pretendía ser abarcadora, no dejaba nunca de ser discriminatoria. Que la crítica a su clase social, en la que se reconoce, le impide ver que desconoce a la clase baja, a la que imagina en sus dos tópicos más habituales, como incivilizada y supersticiosa o como fuerte y valerosa. Y solo a veces en el sentido de que “…barbarie no es tan solo ignorancia de lo que el civilizado sabe: es también sabiduría de lo que el civilizado ignora”.

 Pero esta cita es también equivocada. Son palabras del historiador Halperin Donghi referidas al Facundo de Sarmiento.

 Halperin escribió en otro texto, refiriéndose a la historia pero si lo leo mal refiriéndose también a la lectura, que “el pasado ilumina el presente del mismo modo que el presente ilumina el pasado”.

5 comentarios para “El pasado ilumina el presente”

  1. Avo Dice:

    No compro ninguno de los libros que tenés en oferta. Sin llegar a ponerlo a la venta, terminé de leer “Sobre héroes y tumbas”, después de leer “Don Segundo Sombra”. El último me resultó ameno y lo terminé rápido. No tengo la impresión de que haya sido un libro hondo y sin embargo lo recuerdo vívido y memorable, y su relato, sencillo, sin trama, me resultó cabal. “Sobre héroes” me cautivó desde el comienzo y me resultó fascinante hasta que el Informe sobre ciegos, sobre el final, empieza a disgregarse en dislates e incoherencias de visiones y monstruosidades que no guardan congruencia con el tono general del relato y que resultan inconvincentes en el personaje, Fernando Vidal Olmos. De hecho, es tal la flaqueza de la conclusión del Informe sobre ciegos que le asesta un golpe mortal a la novela, que está quebrada. Es como una estatua partida en dos, una parte acabada a la perfección y la otra terminada con alguna prisa, con el apuro de la desesperación del sermón que tomó caminos imprevistos y que el autor no sabe cómo acabar y apela a fantasías impresionantes y que, a poco de mirar, uno descubre que son sensacionalismos bien maquillados. Me decepcionó. Aun así, tiene su lugar merecido en la biblioteca, unos anaqueles más abajo de Borges (quien no me sorprende que no tuviera demasiado afecto por Sabato y su obra).

  2. aleajacta Dice:

    “Sobre héroes y tumbas” lo lei hace tantos años que me sorprende que aun tenga de él tan mal recuerdo. Un recuerdo de tres historias, dos inútilmente penosas, con una tercera, el famoso Informe, pretencioso de atrocidad.
    De “El Túnel” recuerdo la anécdota indocumentada de que a una violinista judía los nazis le metieron una rata viva en la vagina. También la metáfora del túnel como soledad del individuo.
    De “Uno y el universo”, el chiste de las sucesivas explicaciones de la teoría de la relatividad de Einstein. El físico que era Sábato ofrece, en un diálogo imaginario, explicaciones con analogías cada vez más sencillas. Cuando la última parece entendible, Sábato aclara que esa última analogía ya no es explicación de la teoría.
    Compré, y dejé en la página 2, el voluminoso “Abaddon, el exterminador”.
    Esto me recuerda que todo Sábato lo pondré a la venta a fin de año. No quiero tener anaqueles tan bajos.

    Jamás toqué Don Segundo Sombra.

  3. Avo Dice:

    Me deja tranquilo ver confirmadas mis sospechas, y más, sobre Sabato. Ello me recuerdo que uno siempre tiene que acercarse con cuidado al halo de fama que rodea a determinados escritores. Como decía Orwell, “Con los santos se invierte la presunción de inocencia: son todos culpables hasta que se demuestre lo contrario”. En cuanto a Don Segundo Sombra, no se me ocurre que sea una lectura para vos. No te gustaría y lo tendrías por poca cosa. Con todo lo que me gustó, no llego a tenerle el respeto y la devoción que siento por Inodoro Pereyra.

  4. aleajacta Dice:

    La sospecha de que Sábato fue sobrevalorado es desde hace tiempo opinión común. Llegamos tarde y junto a otros.
    La desatención a Güiraldes se funda en causa común similar.

    Por otra parte, si recordás que alguna vez te regalaron un librito titulado “Una nación para el desierto argentino”, de un tal Tulio Halperín Donghi, yo recordaré una observación literaria tuya cuya agudeza recién confirmé la semana pasada.
    Hacia 199 `ta y pico había dado con ese historiador. En otro de sus libros, las tres primeras oraciones llenan la primera página. La dificultad para leerlo esconde el placer que conlleva su entendimiento. Entendimiento placentero que implica otro: al querer sintetizarlo no puede alterárselo, como el chiste de Sábato y la teoría de la relatividad. Tanta es la precisión y la riqueza de su prosa. Pero el estilo es enrevesado. Y mucho.

    Cuando te conminé a leer esas tres primeras frases no solo las entendiste sino que hiciste un comentario rarísimo: “¿No escribirá en italiano? Porque he leido algunos autores italianos que escriben así”. Una observación alocada, pensé yo.
    Al leer la semana pasada los dos prólogos a “Historia contemporánea de América Latina”, de 1966, encontré que el libro se publicó, por primera vez, EN ITALIA.
    El tipo escribía en italiano. Por lo que había de haber leido, y mucho, en ese idioma. Y ese estilo enrevesado, como vos notaste, tal vez se le pegó de allí. Prometo respetar más tus opiniones alocadas.

  5. Avo Dice:

    Me acuerdo de esa conversación. En esa época había leído a un par de autores hispanohablantes que llevaban mucho tiempo escribiendo en italiano y cuando volcaban sus ideas al castellano tenían esa redacción.

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