Tengo dos suegras. Una es la madre de mi esposa, la otra la pareja del padre de mi esposa, a la que llamaré suegra política. Pero despejad el vulgar prejuicio que podría sugerir este hecho: cada una tiene sus rasgos individuales, virtudes e intereses diferentes. Ambas viven en otra ciudad, ambas se han hospedado con nosotros.
En razón de esto, creíamos, mi suegra política nos envío dos regalos hace unos días. Uno era para mi esposa, otro para mí. Los había enviado con mi suegro aprovechando que viajaba a nuestra ciudad.
Al abrir su regalo, mi esposa no entendió bien lo que era. Parecían unos minúsculos platitos de loza con forma y tamaño de almeja bebé. Ante el desconcierto de mi esposa, su padre, mi suegro veloz en las decisiones, llamó por teléfono a su pareja para que se explicara.
- ¿Qué son esas cositas de loza? -preguntó mi suegro, con esa indiferente amabilidad de quien pregunta a un comensal si quiere que le pase más pan.
Y de inmediato mi suegro le pasó su teléfono a mi esposa, para no aburrirse con explicaciones hogareñas. Mi esposa escuchó el final.
- …Como ella siempre sirve porciones tan chiquitas de helado…
Mi esposa devolvió el teléfono sin devolver palabra. De tal modo que mi suegra política no pudo saber quien había escuchado su explicación.
Abrí mi regalo, que era un libro. Su título era “El Éxito de los Perezosos”. No lo tomé como un insulto, como quiso tomarlo mi esposa, resentida por la ironía a su tacañería alimenticia que yo aun ignoraba. Pero al abrirlo y hojearlo confirmé mi prejuicio literario.
Conozco muchos libros que son un robo aunque los regalen y este era el producto de un criminal consumado. El postulado del libro estaba en el título, la explicación en ningún lado. De eso puedo dar fe aunque solo lo hojeé.
Porque, con descarada astucia, el autor supuso que quien comprara su libro sería perezoso hasta en la lectura. Con esto en mente, el autor combinaba farragosas reiteraciones de manual de autoayuda en las páginas impares con citas e “ideas propias” en las páginas pares, impresas en letras grandes para llenarlas. Lo de “ideas propias” es una hipérbole por “opinión infundada que por su gramática finge ser sentencia”.
Tras quedar perplejo por el dispendio, me entretuvo pensar posibles respuestas a mi suegra política, cuando la vea.
* Una sería decirle que me pareció un libro maravilloso; que dejé de trabajar; que ahora espero el éxito que el libro promete. Que mi esposa quiere hablar con ella, lo mismo que mi psiquiatra.
* Otra sería decirle que me pareció un libro mediocre, pero que en la pagina 43 o 65, no recuerdo bien, hay un párrafo que me recordó a ella. Y darle el libro esperanzado en que lo lea, castigo digno de Torquemada, para dilucidar si estoy siendo amable u ofensivo.
* Otra posibilidad es preguntarle qué encontró en este libro para aconsejar su lectura, libro de tan pobre contenido que si las bibliotecas ardieran en llamas, y solo éste sobreviviera, nadie dudaría en quemarlo también. Que no puedo creer que semejante engendro pueda ser leído enteramente por nadie. Pero que menos puedo creer que alguien regale un libro que no haya leído. Pues si alguien recomienda lo que desconoce, opina sobre lo que no sabe. Y de quien carece de elegancia social, de quien no sabe ni siquiera que no se sabe, solo pueden esperarse sorpresas ingratas.
* Mi predilecta es menos larga y vehemente. Decirle que al ver el título, “El Éxito de los Perezosos”, entendí de que iba. Y lo vendí para sacarle algún provecho.
Se aceptan sugerencias.
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Junio 16, 2009 a las 9:37 pm |
La última opción.
Junio 17, 2009 a las 2:36 pm |
Es más. Aquí va mi aporte: un dólar por el libro. Dos dólares si viene con firma y dedicatoria tuya. Tres, si también trae la firma o dedicatoria de tu suegra política (es indistinto si está dedicado a vos o a mí). Cinco dólares si explica porqué decidió regalar ese libro y qué reacción esperaba de ustedes.
Junio 17, 2009 a las 6:00 pm |
De tus generosas ofertas surge esta tabla:
USD 1.00 = Trescientas hojas usadas y encuadernadas.
USD 1.00 = Dedicación y autografo mío.
USD 1.00 = Dedicación y autografo de suegra política.
USD 2.00 = Explicación de sus propósitos y expectativas.
Lo primero que noto es que la dedicatoria de una política vale para vos lo mismo que la mía (ofertas 2 y 3). Eso habla mal de los políticos o de mí.
Lo segundo que noto es que valoras las explicaciones dos veces más que los hechos (ofertas 1 y 4).
Esto último, que yo secundo, puede llevarnos a costosas paradojas. Por ejemplo, a valorar más la crítica de un libro que el libro, más la interpretación de un sueño que el sueño. En breve, más el sentido que el signo. En definitiva, a pagar más de lo debido.
Porque lo que haré es pedirle a mi pariente política que me dedique el libro (podría decirle que mis amigos me llaman Avo). Luego, lo rededicaré yo. Luego, te lo enviaré por Federal Express por contrareembolso. Finalmente, aguardaré mis tres dólares.
De algo así trataba el libro.
Junio 17, 2009 a las 7:02 pm |
Trato hecho. Envíalo por correo regular, no por Federal Express. Sería como esos marcos que valen más que el cuadro. El envío valdría más que el libro, como esos libros cuya encuadernación y tapa son más costosas que la literatura que encierran, si eso es cuantificable en valor monetario.
Junio 17, 2009 a las 7:03 pm |
De hecho, el debate del envío es redundante. Nuestro común amigo va a Buenos Aires previo paso por Nueva York así que le daré los tres dólares a él. Como luego nos volvemos a ver en Nueva York, él me puede traer el libro.
Junio 17, 2009 a las 7:52 pm |
Me parece una falta de respeto a la literatura no quemar este libro, pero como vos digas.
Porque aunque Plinio y Cervantes sentenciaron que de todo libro se puede rescatar algo, recordemos que cuando ellos vivían se escribía poco y se editaba menos.
Otra contradicción es que deseo que mi suegra política venga a Buenos Aires, pues de su letra a mano depende ahora el valor de esta cháchara en letras de molde.
Pero diste con una novedosa opción que no se me había ocurrido: instarla a que escriba una dedicatoria a su presente griego.
Junio 17, 2009 a las 8:23 pm |
Como bien destacás arriba, vale más el sentido que el signo. Por otra parte, como secundé tu opción de venderlo, que era tu respuesta favorita al gesto de tu suegra política, es mi deber de amigo facilitarte las cosas. Pago el mismo precio por su dedicatoria, que arrebatarás con una artimaña algo chapucera aun cuando pueda ser merecida por la susodicha, que por la tuya, porque comprenderás que para mí es mucho más difícil conseguir su autógrafo que el tuyo. Es un ejemplo mínimo de la regla de oferta y demanda. Es legítimo preguntarse cuál puede ser la demanda de tal dedicatoria cuando ni siquiera es la autora del libro, pero creo que está explicado.
Junio 17, 2009 a las 9:31 pm |
Buenísimo. Impecable razonamiento.
Es mucho más difícil para vos conseguir su autógrafo.
Y la demanda de la dedicatoria de quien no es la autora subirá al agregarle la artimaña chapucera. En especial si logro que me llame Avedis.
Junio 21, 2009 a las 9:27 pm |
Este uso de los regalos como agresiones es algo perturbador pero no muy efectivo. Una vez con Favio le regalamos a Javier un martillo con la dedicatoria de que era un rompebolas, con ningún efecto perceptible fuera de una situación algo graciosa que duró no más de 1:30 min.
Otra opción de utilidad para el regalo sería esperar a que sea el cumpleaños de la suegra política y regalarle de vuelta los platitos. El libro se lo pueden mandar de regalo al papá de Lala: quizás lo deja sobre la mesa de luz.