La empresa donde trabajo invita a los empleados a un ciclo de almuerzos organizados con alguna regularidad durante los cuales un expositor destacado en las artes o las ciencias trata algún tema durante unos 45 minutos. Hace unas semanas vino el astrofísico Neil de Grasse Tyson, director del planetario Hayden y responsable del departamento de Astronomía del Museo de Historia Natural de Nueva York.
Grasse Tyson habló de la degradación de Plutón a planeta “enano” u objeto celeste sin derecho a ser llamado planeta, tras así disponerlo la Unión Internacional de Astrónomos enuna conferencia en Praga en 2006. Acaba de publicar un libro sobre el tema, “The Pluto Files: The Rise and Fall of America’s Favorite Planet” (Los archivos de Plutón: el ascenso y la caída del planeta favorito de Estados Unidos).
La certeza sobre la falta de cualidades planetarias de Plutón, dijo, era algo conocido en la comunidad de astrónomos pero solamente se pudo afirmar tras la muerte de Clyde Tombaugh, el astrónomo que descubrió el otrora planeta en 1930. Dijo que solo en Estados Unidos se insistía con tanta vehemencia, aún hoy, en que Plutón es planeta porque el descubridor era estadounidense y porque un personaje de Disney se llama así (Pluto, el nombre del planeta en inglés) y recibe decenas de cartas de queja en el museo de escolares iracundos o perplejos por no haber visto el planeta en los gráficos del sistema solar del museo.
De hecho, la controversia por la degradación de Plutón se produjo por una carta que había enviado al museo un escolar de 7 años alertándole que “se han olvidado de Plutón en el sistema solar”, y para mayor seguridad había dibujado un círculo celeste, mostrando cómo era Plutón. El New York Times obtuvo la carta y publicó una nota en portada sobre el tema el mismo día en que George W. Bush asumió la presidencia de Estados Unidos tras ganar con una mayoría de cinco votos sobre cuatro en la Corte Suprema.
Grasse Tyson dijo que el asunto era más importante que la condición planetaria de Plutón o, si se quiere menos importante, porque lo que estaba quedando en claro con la exploración del cosmos es la existencia de una multiplicidad de cuerpos celestes que reúnen características planetarias (orbitan en torno del Sol o un sol; tienen suficiente gravedad como para asumir una forma esférica; y tienen gravedad suficiente como para despejar su órbita de cuerpos celestes de tamaño comparable). Son tantos los planetas, que es cada vez menos relevante si un objeto cósmico lo es o no.
Es un asunto más irrelevante que la incógnita sobre la vida extraterrestre, en la cual dijo creer. Más aun, dijo sospechar que hay vida más inteligente que la humana en otras partes del universo, y expresó su inquietud de que no seamos lo suficientemente inteligentes como para comunicarnos con ella. Se sabe que hay apenas una 4 por ciento de diferencia entre el ADN de un humano y el de un chimpancé. “¡Sólo 4 por ciento y qué diferencia! ¡Las óperas, los viajes a la Luna, la torre Eiffel, las ciudades!”, se regodean los humanos, observó. Para una especie de inteligencia superior con solo un 4 por ciento de diferencia, observó, nosotros seríamos el equivalente de un simio para ellos, toda nuestra arquitectura, ciencia, ciudades, nuestras obras, “nos verían como vemos un chimpancé que inserta ramitas en un nido de termitas”. Para qué habrían de molestarse en comunicarse con nosotros. “Ninguno de nosotros se pregunta, ni le importa, si un pejerrey es más inteligente que un bagre”.
Octubre 3, 2009 a las 9:17 am |
Recuerdo que en el Observatorio de El Leoncito en San Juan pude deshacerme de la guía, que sabía menos que yo, y pude ponerme a interrogar a los dos astrónomos que había en ese momento trabajando.
Como un chico les pregunté todo lo que pude, hasta lo que sabía. Una pregunta era si la Luna gira en torno a la Tierra. Esa respuesta la sabía: obviamente no. La gravedad afecta a todos los cuerpos sin más distinción que sus masas y distancias.
La clasificación o desclasificación de planetas es cultura pop, como Pluto.