Caballos Desdentados de Regalo

Junio 16, 2009

Tengo dos suegras. Una es la madre de mi esposa, la otra la pareja del padre de mi esposa, a la que llamaré suegra política.  Pero despejad el vulgar prejuicio que podría sugerir este hecho: cada una tiene sus rasgos individuales, virtudes e intereses diferentes. Ambas viven en otra ciudad, ambas se han hospedado con nosotros.

En razón de esto, creíamos, mi suegra política nos envío dos regalos hace unos días. Uno era para mi esposa, otro para mí. Los había enviado con mi suegro aprovechando que viajaba a nuestra ciudad.

Al abrir su regalo, mi esposa no entendió bien lo que era. Parecían unos minúsculos platitos de loza con forma y tamaño de almeja bebé. Ante el desconcierto de mi esposa, su padre, mi suegro veloz en las decisiones, llamó por teléfono a su pareja para que se explicara.

 - ¿Qué son esas cositas de loza? -preguntó mi suegro, con esa indiferente amabilidad de quien pregunta a un comensal si quiere que le pase más pan.

Y de inmediato mi suegro le pasó su teléfono a mi esposa, para no aburrirse con explicaciones hogareñas. Mi esposa escuchó el final.

 - …Como ella siempre sirve porciones tan chiquitas de helado…

Mi esposa devolvió el teléfono sin devolver palabra. De tal modo que mi suegra política no pudo saber quien había escuchado su explicación.

Abrí mi regalo, que era un libro. Su título era “El Éxito de los Perezosos”. No lo tomé como un insulto, como quiso tomarlo mi esposa, resentida por la ironía a su tacañería alimenticia que yo aun ignoraba. Pero al abrirlo y hojearlo confirmé mi prejuicio literario.

Conozco muchos libros que son un robo aunque los regalen y este era el producto de un criminal consumado. El postulado del libro estaba en el título, la explicación en ningún lado. De eso puedo dar fe aunque solo lo hojeé.

Porque, con descarada astucia, el autor supuso que quien comprara su libro sería perezoso hasta en la lectura.  Con esto en mente, el autor combinaba farragosas reiteraciones de manual de autoayuda en las páginas impares con citas e “ideas propias” en las páginas pares, impresas en letras grandes para llenarlas. Lo de “ideas propias” es una hipérbole por “opinión infundada que por su gramática finge ser sentencia”.

Tras quedar perplejo por el dispendio, me entretuvo pensar posibles respuestas a mi suegra política, cuando la vea.

 * Una sería decirle que me pareció un libro maravilloso; que dejé de trabajar; que ahora espero el éxito que el libro promete. Que mi esposa quiere hablar con ella, lo mismo que mi psiquiatra.

 * Otra sería decirle que me pareció un libro mediocre, pero que en la pagina 43 o 65, no recuerdo bien, hay un párrafo que me recordó a ella. Y darle el libro esperanzado en que lo lea, castigo digno de Torquemada, para dilucidar si estoy siendo amable u ofensivo.

 * Otra posibilidad es preguntarle qué encontró en este libro para aconsejar su lectura, libro de tan pobre contenido que si las bibliotecas ardieran en llamas, y solo éste sobreviviera, nadie dudaría en quemarlo también. Que no puedo creer que semejante engendro pueda ser leído enteramente por nadie. Pero que menos puedo creer que alguien regale un libro que no haya leído. Pues si alguien recomienda lo que desconoce, opina sobre lo que no sabe. Y de quien carece de elegancia social, de quien no sabe ni siquiera que no se sabe, solo pueden esperarse sorpresas ingratas.

 * Mi predilecta es menos larga y vehemente. Decirle que al ver el título, “El Éxito de los Perezosos”, entendí de que iba. Y lo vendí para sacarle algún provecho.

 Se aceptan sugerencias.

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Séptimo Dan vs Rolling Stone

Junio 12, 2009

Por un lado, mi esposa tiene muchos parientes.  Por otro lado, desde antes de Gauss sabemos que a mayor cantidad mayor posibilidad de desviación estándar. Es decir, mayor probabilidad de hallar variedad.
Por ende, a más repeticiones de un hecho, mayor variedad de versiones.  De este modo, si tres amigos viven cada uno una experiencia, tras contárselas mutuamente cada uno conocerá tres hechos, pero habrá nueve versiones en total. De esto podría divagar más. Pero lo que ahora cuenta es el título.

Fuimos a un casamiento. Nos tocó sentarnos a una mesa con algunos primos crecidos. Era una de esas mesas redondas de tanto diámetro que no puede hablarse con el de enfrente si no es a los gritos, lo que luego la música impidió.
Sentado a uno de mis lados había un primo de unos quince años. El primo me preguntó si yo sabía quién era uno de los invitados a nuestra mesa. Yo no lo sabía; el primo sonrió: era una pregunta retórica.
Me dijo que ese joven era novio de la prima J. y segundo dan en taekwondo. Y tras decir esto calló manteniendo los ojos bien abiertos.

Supuse que la novedad no era el primer amor de esa prima sino algo relacionado con ese arte coreano. Pero no entendía para qué abrir así los ojos porque el padre de este primo de ojos abiertos practica taekwondo hace muchos años.
- Entonces, ¿no sabés lo que pasó? -me preguntó.
Era otra pregunta retórica, pues pasó a narrar los hechos. Que no tenían nada que ver con la prima J. ni su novio.

La versión del hijo menor
- Iban mi papá y mi hermano (mayor) en el auto. Tuvieron un cruce con otro auto. El tipo se bajó y empezó a insultar. Mi papá se bajó del auto y fue hasta el tipo. El tipo le tiró una trompada así, como hacen los que no saben (abierta). Pero mi papá la esquivó y le pegó así (un uppercut). Después lo agarró de los pelos y le bajo la cabeza para darle un rodillazo, pero mi hermano lo frenó.
- Suerte que estaba tu hermano -opiné.
- El tipo quedó todo ensangrentado y se fue sin decir ni pío.
Notaba el regocijo del primo. A su edad, los compañeros de colegio pueden ser crueles; un triunfo sobre la maldad, realizado con fuerza y determinación, es más laudable que descubrir una nueva bacteria.

Pasó el rato y llegó el momento de las despedidas. Al saludar al tío le dije que me había enterado por uno de sus hijos de su riña callejera. Y que debía ser más prudente porque la ley penaliza a quien pelea sabiendo artes marciales.
- La culpa fue de mi esposa -me dijo.
Doble sorpresa, pues ni sabía que estaba ni podía imaginar cómo podía ser culpable. ¿Por qué la culpa era de la esposa?

La versión del padre
- Justamente por eso de que la ley considera que el taekwondo es un arma, mi esposa no me dejaba bajar del auto. Entonces, el tipo más me hinchaba las pelotas: “¡Decí que te cuida tu esposa, maricón!”. Entonces logré zafarme de ella. Estaba recaliente. Sino ni me hubiera peleado. Fue culpa de ella.
- (Cambiando de tema)…Me enteré que el novio de J. hace taekwondo como vos -le dije.
- No. Nada que ver. Yo soy séptimo dan.
- … (Silencio)
- Para pasar de segundo a tercer dan tienen que pasar varios años de práctica. Yo hace veintiséis años que hago taekwondo.

Exageré mi asombro por su dedicación anual y nos separamos. Siguieron los saludos de rigor. Cuando saludé al hijo mayor del séptimo dan elogié que detuviera la pelea frenando a su padre.
- Yo no lo frené -me dijo el hijo mayor.
Entonces, ¿que había pasado?

La versión del hijo mayor
- Cuando m viejo se baja, esquiva el golpe y le da una trompada en el mentón. Lo agarra de los pelos para darle un rodillazo en la cara. Pero pierde el equilibrio, se resbala con una piedrita y le da un desgarro en la pierna. Entonces, yo agarré al tipo desde atrás, aprovechando que estaba aturdido, y le dije “Basta. Dejate de joder que somos dos.” El tipo se tranquilizó y nos fuimos.

Sentí el efecto de la adrenalina que dan los relatos de peleas de conocidos. También el efecto de otra hormona, no sé si dopamina, que me llevó a rechazar la violencia. Y alguna otra hormona que me hacía sentir algo del orgullo que sentimos por el coraje de los conocidos. Mezclado con algo de vergüenza porque tal vez ellos iniciaron la pelea.
Porque me di cuenta que nunca me enteré por qué había empezado la disputa. Tal vez la maniobra vehicular imprudente la cometió el tío de mi esposa, lo que le resta algo de justicia a la pelea, ya que esta habría obedecido a la afrenta verbal y no a una doble afrenta. Lo que se omite puede ser tan importante como lo que se dice.

También me pareció notable un hecho. Por un lado, lo obvio, que reconstruir un hecho fielmente es bastante difícil, aun contando con testimonios directos.
Menos evidente es que yo tendía a creer como más verosímil la última versión, la del desgarro. Simplemente por esa reacción inconsciente a creer verdadera la versión que deja menos bien parado a los protagonistas, cuando surge de su boca.

Queda la magnífica ironía. Veintiséis años practicando defensa personal para que, cuando llega el momento, una piedrita rodante da al traste con la pelea justiciera.
Moraleja: el azar lleva las cosas un poco a los tumbos.
O también: “A partir de cierta edad, para pelear no basta con calentarse. Antes hay que precalentar.”

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Recuerdo Psicótico de una Ceremonia

Junio 9, 2009

Fuimos a un cumpleaños de un amigo de cuarenta años. La celebración fue en la casa del cumpleañero, dentro de uno de esos barrios amurallados bautizados “country”.

Disfrutar la visita era muy probable; acudir era inevitable. Semanas atrás habíamos faltado al cumpleaños de la esposa, cuando yo me había esguinzado y sufría desplazarme con muletas.  Para este momento, yo solo tenía una bota que el traumatólogo me había prescripto que no usara más.

Pero las manifestaciones de la intuición son inescrutables. Y juzgué preferible calzar la bota hasta este día como testimonio visible de mi discapacidad pasada. Al fin y al cabo, las personas dudan menos de lo que ven de lo que se les dice.

Nos perdimos en las rutas de los suburbios. Argüí que esa era señal de que deberíamos volver a nuestra casa. Pero mi esposa  siempre insiste en hacer lo correcto, y con indicaciones telefónicas llegamos al country. Y a la casa, a la que reconocimos por los autos estacionados en su explanada, número que indicaba más invitados presentes que perdidos.

En la puerta de entrada no había timbre, pero encontré una campana. La sacudí, pero el volumen de la música del jardín trasero no dejaba que desde allí nos escucharan. Mi esposa saludaba por la puerta vidriada por si alguien miraba hacia nosotros. En algún momento creo que dijo “¿Era una fiesta de disfraces?”. Pero yo, sordo y acaso fastidiado por la sordera ajena, insistí en repicar la campana y ésta se desprendió con su portacampana de la pared a la que estaba amurada.

Mientras mi esposa llamaba por su teléfono a los de la casa sin que la atendieran, yo apoyaba el aparejo en el piso buscándole una posición que diera a entender que había muerto por causas naturales, cuando me distrajo la visión de lo que entonces creí era un enano de jardín. Pero era un niño, de dos o tres años, parado a nuestro lado. Le pedimos que nos guiara y el gnomo nos hizo señas de que lo siguiéramos. Seguimos al liliputense, debiendo adelgazarnos para pasar entre autos y plantas, hasta que llegamos al jardín trasero. Fue entonces cuando vimos algo extrañísimo, maravilloso inclusive para quien ha viajado mucho y ha conocido costumbres remotas.

Antropológicamente hablando, en la tribu sucedía lo siguiente. Para homenajear la larga vida del amo de la familia, los hombres de la tribu vestían como mujeres. Unos “tops” tapaban sus tórax y dejaban al desnudo los prominentes abdómenes, reveladores de ser hombres que no vivían escasez. Unas ajustadas calzas sinceraban si había otra abundancia. Coloridas pelucas exuberantes, labios enrojecidos, pómulos, pestañas y párpados pintados también buscaban crear la ilusión o parodiarla. Esta dificultad para discernir el propósito de tantos para prestarse a tanta incomodidad podía leerse en las expresiones de todos estos adultos.

Otros cuatro hombres más mayores vestían de árabes, pero no supimos si era por reverencia a su edad o por escasez de pelucas. En cambio, el cumpleañero se distinguía por un mameluco gris con  capucha y antifaz. Aturdidos por no encontrar la conexión, tardamos en verlo como Batman.

Daba poco gusto ver las caras semisonrientes de las mujeres sentadas como espectadoras de sus hombres, vestidas ellas como mujeres de buena fama a diferencia de ellos. Pero no daba gusto ver el rígido desconcierto de las hijas e hijos, que no quitaban la vista de sus padres, muchos de los cuales supusimos que prohíben a sus hijos varones usar los vestidos de sus hermanitas.

Había también dos biombos dibujados que exageraban un gordo y una gorda con ropa de playa. Donde debían estar los rostros había un hueco para asomar la cabeza y ser fotografiado. ¿Se habrían las parejas tomado orgullosas fotografías para los portarretratos de sus salas?

Quien había dado ánimos para representar la parodia era una mujer esférica. Ella era la bruja que había hechizado a los miembros viriles de la tribu de las calzas, sumiéndolos en la impotencia. Un micrófono conectado a un amplificador con excesivo volumen hacía pensar que la bruja había precisado tensión eléctrica para enfrentar otras tensiones.

Al verme llegar, algún traidor le habrá dicho mi nombre a la bruja. Ella pidió un aplauso, como hacen los jefes de claqué, y los zombis obedecieron. Entonces, la bruja Circe me invitó a sumarme al circo, es decir, a cambiar mi apariencia.

Pero como Odiseo, fecundo en ardides, yo calzaba la bota ortopédica. Levanté mi pie y dejé que miraran la bota, pero sin mirar yo a los ojos de la hechicera por temor a ser convertido en mujer atlética. Concentrado en renguear del pie correcto, exagerando por las dudas lo que me eximía de trasvestirme, rechacé las sillas que me ofrecían las espectadoras enviudadas. Porque las sillas habían sido dispuestas para mirar hacia la bruja y sus bisexuales y yo juzgué más conveniente una reposera solitaria, apropiada para subrayar mi convalecencia y alejada de las novedosas circunstancias.

La esposa del hombre murciélago aceptó mi mal estado y me trajo algunas delicias del almuerzo reciente. Como anfitriona me pareció preocupada porque funcionara bien lo que aun controlaba. Mi esposa optó por llevar a nuestros hijos lejos del lugar, a donde algunos niños habían sido llevados a jugar al fútbol, para evitarles posibles traumas infantiles y que a lo sumo se esguinzaran.

Tras la breve interrupción de mi llegada, siguió el ritual que acostumbran los bárbaros de estas latitudes y longitudes. Los guerreros fueron obligados, muy a su pesar, a desfilar de la manera más femenina que pudieran, y sus mujeres fueron instadas a premiar con el aplauso más estridente al hombre que menos lo pareciera. Se notaba en las mujeres la vacilación de Hamlet: ¿ser o no ser enfática? No tenían claro si era más honorable que su hombre fuera el más o el menos aplaudido.

Tras proclamar un vencedor, la bruja autorizó que los hombres se retiraran a recuperar la apariencia de su naturaleza. En el ínterin, y “para que no decaiga”, la sacerdotisa pergeñó un ritual más convencional.  A dos mujeres, las hermanas del hombre murciélago, las nombró líderes. Cada una de ellas debía elegir, entre las demás mujeres de la tribu, a las más aptas para una siguiente prueba. Resultaba gracioso ver que ninguna de las líderes conocía a más que una o dos de todas las invitadas, por lo que, al no saber sus nombres no sabían llamarlas.

El juego consistía en reconocer melodías grabadas, resultando vencedora la que se anticipara en decir el nombre de la canción y del cantante, arrojándose sobre una silla. Pero como las melodías escogidas eran cumbias y boleros nacionales la zozobra continuaba. En especial para la esposa de Batman, quien como extranjera poco podía saber de música popular local.

Aprovechando mi lejanía de los parlantes, se me acercaron dos conocidos, a quienes reconocí como un primo y un cuñado de Batman, y que habían vuelto a ser ellos mismos.

Se sentaron junto a mí de tal modo que todos mirábamos hacia el mismo lado: tanto era el poder de la bruja que nadie osaba darle la espalda. Y justo cuando íbamos a poder conversar animadamente, se acercó la animadora esférica y me pidió que anotara los puntos de su inminente trivial musical.

Yo lo tomé como reconvención por no haberme travestido; la conciencia del criminal siempre aguarda el castigo. Pero ladeado por mis conocidos me sentía más valiente. Así que, sin mirarla, levanté la mano con la que escribo y aduje que también se me había esguinzado al caerme cuando se torció mi tobillo izquierdo.

Me puso nervioso mantener levantada mi mano derecha y mi pie izquierdo con su bota, porque no imaginaba una secuencia en la que pudiera caer a siniestra y torcerme la diestra.

Por fortuna, la hechicera no advirtió la paradoja surgida de mi atolondramiento. Excusó mi invalidez y, con su dedo mágico, señaló al cuñado de Batman para que obedeciera sus órdenes. Pero este opuso que había sufrido un ACV (accidente cerebro vascular), lo que era cierto; tan solo hacía unos días que había vuelto a caminar sin demora.

Pero la bruja, incrédula de tanto accidente, afirmó que su propio padre también había tenido un ACV. Y con algo de ironía agregó un “vos te ves bárbaro”. El cuñado, fastidiado porque le exigieran pruebas que no tenía (no tenía una bota), mostró poca imaginación y mucho descaro: repitió lo que sabía era mi mentira y dijo que él también tenía esguinzada la muñeca.

Yo lo miré alarmado de que repitiera mis palabras mágicas. Porque es sabido que, cualquier mentira, cuanto más repetida menos creída, al revés del dicho del ministro nazi, “miente, miente, que algo quedará”, quien por supuesto mentía.

Sin levantar la vista, yo seguí tomándome la muñeca y pensé que no podría haber aplaudido con la muñeca esguinzada. Y aunque no recordaba nada digno de aplauso, temiendo que la bruja esférica nos convirtiera en hermafroditas, mantenía mi atención en mi muñeca como si mirara su radiografía. Podrán llamarme cobarde por haberme asustado; yo pensé que era bastante valiente porque seguí adelante.

Cuando la bruja esférica nos miraba a ambos como pensando qué objetaríamos si nos conminara a actuar de estatuas, que era para lo único que parecíamos servirle, el primo de Batman afirmó con seriedad que él anotaría los puntos. Y aunque lo hizo con más resignación que entusiasmo, la bruja aceptó su palabra y volvió donde las mujeres esperaban sus órdenes.

Con su voluntariado para anotar, el primo recordó que llevaba uno de esos aparatos electrónicos minúsculos que mientras son novedosos se los conoce por la marca que imaginaron sus publicistas. A este le pusieron “ipod” y el primo me hablaba de sus opciones como si él quisiera venderlo o como si yo quisiera comprarlo.

Delante mío el desafío musical no era atractivo. Por un lado, lo mejoraba las chanzas que el cuñado insistía en proferir, resentido tal vez porque no le habían creído lo que era verdad pero no excusa. A su modo, el cuñado ahora sí se divertía con la bruja. Por otro lado, con su charla el primo nada anotó y por supuesto nadie lo notó.  

Cuando se le terminaron las grabaciones de inicios musicales, la bruja puso fin a su musicus interruptus y premió con regalos a las participantes. Una de ellas fue obsequiada con un rollo de papel higiénico que, según criticó otra, encima era de mala marca.

Al término de los aplausos zombis, el cumpleañero, ya sin disfraz, tomó el micrófono y habló a conciencia y con calidez, dando las gracias a los invitados por lo que para él significaba nuestra presencia. Obligado a referirse a los rituales, aclaró que la fiesta era para él toda una sorpresa, lo que era una ingeniosa declaración de culpa e inocencia.

Tras estas sensatas palabras, él y su esposa leyeron las promesas que habían leído el día de su boda, unos meses atrás. La recreación tenía de pertinente que casi ninguno de los invitados había tenido oportunidad de escucharlas cuando ellos se casaron en otro país, en donde entonces vivían.  Y aunque siempre es raro ver a dos personas intentar poner en palabras públicas sus sentimientos más íntimos, sentimientos que no se expresan con palabras altisonantes en la intimidad, todo parecía normal después de las animaciones de la bruja.

Tras esto, la bruja animadora embaló sus equipos musicales y se fue con la música a otra parte. Y muchos aprovecharon esa mudanza para también mandarse a mudar. Pero algunos se quedaron para poder finalmente conversar. Sin embargo, la cadena de eventos programados por falta de fe en el diálogo no había terminado.  Ahora era el turno de ir a la sala a ver un video musical de fotos del cumpleañero con sus afectos.

Mirar un álbum de fotos puede ser aburrido; la prueba está en que nadie lo hace todos los días.  Además, la contemplación de estas reproducciones produce nostalgia, emoción contraindicada para una fiesta. Por lo que su popularización obedece a que alguien puede hacerlo y no a que convenga hacerlo. Como sucede con otras prácticas que las mantiene válidas la repetición que llamamos costumbre, pero que carecen de agrado o utilidad. También es desaconsejable esta práctica de televisar fotografías porque los invitados pueden llegar a sentir que asistieron a la fiesta equivocada, más aun si no pueden hallarse en ninguna de las fotos selectas.  Todos tienen un espejo en su casa, pero pocos mantienen a la vista fotografías de otros.

Preferí disfrutar la paz del ocaso en el jardín. Pero alguien vino a insistirme con el espectáculo. Le mostré mi mano con el cigarrillo humeante: yo sabía que no quieren que se fume en el interior de esa casa.

Por si acaso, y sacando provecho de la distancia que me separaba de quien así me urgía, hice gestos de que ya lo apagaba y ya iba, aleteando los brazos y haciendo caras. Quien me urgía se resignó a que yo no veía urgencia. Y por supuesto debió volver al espectáculo, pues era absurdo que se quedara afuera insistiendo que lo importante estaba adentro.

Entonces mi esposa vino a buscarme. Y mezclando ruegos con sugerencias me arrastró por la fuerza. Llegué a ver el final y aplaudí como la hechicera hubiera enseñado. Tras esto, todos se marcharon como estudiantes cuando suena el timbre del recreo. Con la excepción de nosotros y quienes allí viven: el cumpleañero, su esposa, sus hijos, su suegra y la madre de su suegra o, como dijo uno, suegra al cuadrado.

Mi esposa y yo decidimos quedarnos un rato más, no por ser los últimos en haber llegado, sino más bien para poder por fin conversar con nuestros amigos. Sentados bajo las estrellas del jardín todo parecía en armonía. Pero lo que iba a ser diálogo, o al menos charla, resultó monólogo. Y monótono por la minuciosidad puesta en contar hechos circunstanciales desprovistos de toda importancia.

La cordialidad de la conversación, que es como un árbol que crece e invita a irse por sus ramas, se convirtió en una meticulosa contabilidad de las astillas de un pedazo de corteza. Se truncó la conversación y la velada, final triste como un tocón donde había un árbol.

Para explicar este final abrupto debo acudir a testigos, pues parece que los hechos no fueron como yo los recuerdo. Porque pasado el tiempo, al rememorar con mi esposa el último suceso, yo recordé que di a entender al cumpleañero monologuista que abreviara el asunto. Pero mi esposa corrigió mi autoindulgencia y recordó que no había sido así. En cambio, ella recuerda que yo me levanté y tomándome la cabeza exclamé “¡Basta! ¡Basta! ¡Me aburrís! ¡Me aburrís!”. 

Sin embargo, algo me conozco. Yo no me repito. Lo habré dicho una sola vez.

Así concluye esta incorrecta percepción de la realidad. Y para que no queden dudas, el psicótico soy yo.

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De los gastos

Noviembre 12, 2008

En una empresa muy allegada, en vista de la recesión, sus administradores evaluaron la semana pasada los costos para ver cuánto podían disminuirlos. Tras los cálculos, concluyeron que los gastos eran de USD 50,000 mensuales y que podían disminuirlos en… USD 1,000 mensuales: solo un 2%.

Lo primero que pensé fue que esto permitía ser más comprensivos con los gobernantes que no bajan el gasto público. En la empresa mencionada, el 70% de sus gastos son sueldos e impuestos relacionados. Igual o mayor porcentaje son los gastos de personal para las administraciones públicas. Es fácil ver que los recortes significativos de gastos no pueden no afectar esa gran proporción.

Luego, pensé en mi canasta de gastos familiares. Los gastos mayores, excluyendo los de adquisición o alquiler de la residencia, son alimentación, colegios, movilidad, seguro médico, mantenimiento del hogar, servicios públicos, vestimenta, esparcimiento.

Recordé que, cuando vivía solo, los gastos grandes eran los de comida y esparcimiento. En tal sentido, disminuirlos era fácil: bajar un 20% de un gasto que representa el 40% era un bonito 8%.

En cambio, ahora, bajar un 20% de gastos de comida me parece más difícil, pues no solo como yo, sino tres personas más, con sus gustos y mañas. Y aunque pudiera hacerlo, sería un 20% de un 15%, es decir, solo un 3% y con mayor esfuerzo.

Esta poca elasticidad del gasto la supongo típica en una familia de clase media con hijos. Pero me encuentro ahora con que ni yo puedo bajar el gasto fácilmente, ni la empresa mencionada, ni las administraciones públicas.

Entonces terminé en algo absurdo: cuánto mayor es la unidad económica menos elastico es su gasto. Absurdo porque contraría la teoría de economías de escala: sus teóricos afirman que cuánto mayor es la unidad económica, más eficiente es su producción, es decir, menor es la proporción de sus gastos generales incluidos en cada unidad producida.

Pero quizás no haya contradicción: esa apropiación eficiente de gastos generales existe mientras se maximiza la producción, es decir, mientras la demanda es mayor que la oferta. En cambio, si la demanda disminuye, como en la actual recesión, esa ventaja desaparece y los crecidos gastos generales se vuelven un lastre.

¿En qué momento debe uno preocuparse por el gasto? ¿Y qué cantidad de tiempo y esfuerzo puede dedicarle uno sin caer en la insanía de la avaricia? Creo que, como en todo, el esfuerzo realizado se olvida al poco tiempo.

Conzoco pequeños empresarios extremadamente cuidadosos en el gasto: tienen intuición matemática: saben que un número es el componente de otros; que los centavos forman los pesos. Además, viven como si hubiera continua recesión. Acostumbrados a la frugalidad no añoran el dispendio; todo les parece caro.

De este modo, si un ahorro mensual parece insignificante en comparación al esfuerzo de hacerlo, lo multiplican por años. Así calculan que ese 2% mensual representa, al cabo de 10 años, un 240%. Si lo reinvierten al 0.5% mensual, a los diez años es un 330%. Yo le hice a uno este último cálculo, pero fue él quien hizo el ahorro. En el ejemplo de la empresa, serían 165,000 dólares. No mucho para una empresa, pero interesante para el dueño, en especial porque el ahorro lo habrían sufrirdo en comodidad sus empleados.

En Taiwan, pregunté a un empresario local si era verdad que, por cultura, los chinos ahorraban un 10% de sus ingresos, sin importar cuánto ganaran. Su respuesta fue sorprendente: casi indignado me dijo que un 10% ahorraban los muy pobres; él ahorraba un 80%.

Desde entonces apenas pude ser más que un pobre chino. Pero entendí que el trabajo era mi fuente de capital. Si no puedo ahorrar un 10% de mis ingresos, ¿con qué razones podría esperar que mis ahorros invertidos generen un 10% que yo no puedo obtener por mis propios medios?

En estos tiempos, no es tan fácil ver en qué instrumento financiero ahorrar; otros dicen que es época de oportunidades para hacerlo en casi cualquiera. La vida es larga para obtener el fruto de un ahorro mínimo, pero sufridamente inacabable si a uno le toca empezar a vivir sin ingresos ni capital acumulado.

Los ricos, los ingeniosos, los emprendedores saben generar dinero; los frugales acumularlo. Nosotros, clase media occidental, no deberíamos fingir que podemos gastar lo que ganamos como si pudiéramos vivir de la renta de nuestros ahorros, pues de los empleadores y de los gobernantes debemos temer despidos y aumentos de impuestos cuando a ellos les falta dinero.

Me parece observar que trabajar para otros parece más cansador, desesperanzador y riesgoso a medida que se envejece. Quien trabaja para sí mismo depende de sí mismo y de como le vaya al país. Quien trabaja para una empresa, depende del país, de la empresa y de sí mismo: las variables que no controla son más. En contrapartida, la tranquilidad mientras las cosas van bien también es mayor y es más fácil que un pequeño emprendimiento no prospere a que una gran empresa se derrumbe. Pero siempre la variable de ajuste de gastos son los ingresos personales, por fracaso personal en el primer caso, por decisión ajena en el segundo.


Medios Enteramente Vacíos

Octubre 15, 2008

Tenía pendiente contar más sobre el tema editorial que hablamos por email hace un tiempo. Avo me decía que quería imprimir o edita algunas notas del blog, nos pusimos a hablar y surgió el tema de imprimir vs publicar en Internet.

Le comentaba a Avo que hasta hace poco yo pensaba que iba a pasar muchísimo tiempo hasta que las costumbres cambiaran y ya no importaran los diarios impresos. Pero que me había encontrado que los consultores que empiezan en las compañías de relaciones públicas ahora con 20 y tantos años ya no leen el diario en papel–nunca lo hicieron. Buscan las noticias en Internet. Los reportes con imágenes del diario es algo que hacen por trabajo, para presentar a los clientes que somos más viejos, pero ellos ya no lo leen de ahí.

Esto se supone es una de las causas de la disminución de circulación de los diarios, que según el Economist en USA fue de 3.9% el último año. La circulación de Clarín en los 90 era de 500,000/dia, hoy es 340,000. Esto hace que los diarios facturen menos también en publicidad, que según el mismo artículo del Economist disminuyó 12% en USA. La consecuencia directa es que hay muchísimos periodistas trabajando freelance o poniendo blogs. La gran pregunta es: como subsisten? 

En otro artículo del Economist poco tiempo después encontré que debido al aumento de la alfabetización en algunos países emergentes, hay una tendencia contraria:

“According to figures released in June by the World Association of Newspapers (WAN), an industry body based in Paris, newspaper sales in Brazil increased by some 12% last year. Over the past five years, circulation has gone up by more than 22%. In India, sales rose by 11%, bringing the five-year increase to more than 35%. Pakistan’s newspaper market grew by almost as much in the same period. The trend is similar elsewhere in Asia and Latin America. (…)  In Argentina, for example, newspaper circulation jumped more than 7% last year. Manuel Mora y Araujo, of IPSOS, a consultancy, says media groups from America and other rich countries have not been investing in Argentine news organisations, possibly because their own problems mean that they cannot afford to. Nonetheless, he says, “The press isn’t worried—there’s tons of advertising.”

Sin embargo lo más destacado que está pasando en la publicidad en los últimos 100 años es que la facturación de publicidad a nivel mundial está estancada o decreciendo, con la excepción de Google, que está encaminada a facturar 20 mil millones este año fiscal, ya muy cerca de News Corp y los más grandes grupos de medios, pero con mucha más rentabilidad. Esta facturación es casi enteramente publicidad:

“Google generates revenue primarily by delivering online advertising. Businesses use its AdWords program to promote their products and services with targeted advertising. In addition, the thousands of third-party Websites that comprise the Google Network use its AdSense program to deliver relevant ads that generate revenue and enhance the user experience.”

Es decir que una historia color de rosa que creen muchos editores en potencia como nosotros es que pueden subsistir con los pagos que van a recibir insertando publicidad de Google en sus sitios web. Veamos nuestro tráfico para ver que posibilidades de ocurrencia tendría este fenómeno extraordinario:

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Nuestras chances no son tan buenas: tengo compañeros de oficina con blogs increíblemente densos con temas como por ejemplo la configuración del Hyper-V en entornos multicore desde 8 procesadores que tienen 200,000 visitas/mes. Pero así y todo este blog con toda su humildad es un ejemplo del tipo de trabajo que hacen con más regularidad y dedicación otros blogueros que sí viven de su propio medio. De hecho estamos acá en WordPress porque cuando Ale se opuso a sacar una cuenta de Messenger para abrir el blog, lo segundo que se me ocurrió fue ponerlo en el mismo lugar donde lo tuviera Robert Scoble, evangelista de los nuevos medios que alguna vez trabajó para Microsoft.

Este blog fue probar en carne propia si tiene algún interés algo escrito entre nosotros. Para mí sí, prefiero leer mil veces lo que cuente Avo o Ale de cualquier tema que leerlo en un diario. Otros experimentos que hice últimamente fueron: suscribirme a la versión online del New York Times, leer las noticias desde el teléfono, ver noticias de Argentina desde el buscador, abrir una cuenta de Facebook y abrir una cuenta de Twitter. De hecho las únicas publicaciones que sigo recibiendo impresas son el Economist-pero las referencias las saco de Internet-y Wired, porque es de colores.  

Mi conclusión es que ya no hace falta recibir el diario en papel. Pero eso no es nada: el otro día Milena quería escuchar una canción de un grupo que le gusta a ella. Que hizo? Buscó el video en YouTube. Ni lo pensó. Ya vi varios chicos de 10-12 años que usan YouTube como si fuera la tele.

Esto se parece muchísimo a en una novela de ciencia-ficción que estoy leyendo. Otro día les cuento más.


Encuestas

Septiembre 30, 2008

Una de las mejores encuestas que recuerdo pregunta “¿Usted cree que maneja mejor, igual o peor que la mayoría?”. La mayoría responde que meneja mejor que la mayoría. Esto siempre me parece gracioso; luego me hace pensar.

Una encuesta mundial del Pew Research Center pide calificar la actual situación económica de su país y su situación económica personal. Un 77% de los habitantes de USA respondieron que la situación económica de su país era mala, mientras que solo un 25 % respondió que era mala su situación económica personal. Esto también da para sonreir y pensar.

Pero los desconciertos son muchos. Aquí va un listado de países ordenados por la diferencia de apreciación.

                    Situación económica mala

País           Nacional        Personal        Diferencia

US                       77                25                        52

Britain                 67                26                        41

Argentina            74                46                        28

Pakistan              56                28                        28

S. Korea               92                67                        25

Brazil                   59                34                        25

Japan                   85                61                        24

India                    38                16                         22

Nigeria                 60                38                        22

Germany              46                31                        15

Australia              28                19                        9

Russia                  43                43                        0

China                   14               32                        -18

Aquí encontramos:

  • Optimismo nacional en chinos y australianos
  • Pesimismo nacional y personal en coreanos y japoneses
  • Satisfacción personal de indios y australianos
  • Satisfacción personal mezclada con pesimismo nacional en estadounidenses y británicos
  • Correlación de apreciación nacional y personal en rusos y australianos
  • Extremos invertidos de apreciación nacional y personal en estadounidenses y chinos

Respecto a las diferencias de apreciación, mi esposa sugirió que el gobierno chino hacía mejor marketing que el estadounidense. Así, esas comparaciones podrían no ser válidas porque comparan apreciaciones de realización personal con expectativas económicas no controlables por el encuestado.

Pero ¿surge alguna conclusión de esta mescolanza de nacionalidades? ¿No deja afuera esos lugares comunes para comprender el mundo que son las regiones geográficas, los grupos culturales, los desarrollos económicos, los sistemas políticos, las civilizaciones vistas como autitos chocadores? ¿Hay que deshechar la encuesta como inválida por no poder encajar sus resultados en esas concepciones? ¿Sugiere la importancia de las coyunturas locales? ¿Esto colisiona con la importancia otorgada al concepto de globalización?

La encuesta es dos meses anterior a la actual incertidumbre financiera. Avo sugirió una vez que, conocida la historia, si se reveían los periódicos algunos acontecimientos se mostraban previsibles, por ejemplo, la segunda guerra mundial.


Fumarse un filántropo

Agosto 15, 2008

Tanto rico queriendo que la gente no fume me hizo pensar que esos filántropos, esos Gates y Bloombergs, deberían crear una empresa de medicina prepaga que no acepte fumadores. La aceptación sería el análisis del número de partículas de nicótina en la sangre, partes por millón, de donde saldría la escala de la cuota. Si llegara el momento de una operación costosa, la empresa haría el chequeo de nicotina. Y si la proporción aumentó un 10%, no lo atiende.

 Por supuesto, el precio de la cuota sería más bajo que el de la competencia. Es lógico que los no fumadores, aunque sea por pereza de ese vicio, sean en promedio algo más sanos que los fumadores, por lo que la empresa podría cobrar menos y dar igual servicio. La filantropía sería para bajar esa cuota significativamente. Y permitir una publicidad chocante como: “Si usted no se fuma un auto cada diez años, sea inteligente con nosotros”.

 Al margen de obstáculos legales, que esta idea no se haya aplicado significa o que la tecnología actual no permite hacer el cálculo de la nicotina o que el cálculo del ahorro en salud no es tan elevado porque las personas nos encaprichamos en morir de cualquier cosa.


Inesperada velada literaria

Agosto 10, 2008

Hemos hablado sobre la dificultad de entablar conversaciones significativas en Estados Unidos. No queda claro si esto es por las diferencias culturales, la menor habilidad en el manejo de otro idioma o la falta de contacto social con personas que no sean también inmigrantes, con quienes sólo tenemos la misma conversación una y otra vez.

Desde hace unos días convivimos con los dueños de casa, una experiencia que no pasa desapercibida porque son una familia de seis, expatriados de visita en su hogar, lo cual ya sabemos produce una agitada vida social. Al planificar estas semanas supusimos que ambas familias ibamos a estar mas o menos segregadas, lo cual resultó impracticable. En cambio pasamos bastante tiempo juntos, compartiendo las visitas de amigos y vecinos.

Una de estas visitas frecuentes son unos vecinos cuya amistad heredamos al mudarnos. O más bien MIle heredó, al ser contemporánea del menor de tres hijos. Hace unos días vino Gary, figura paterna de conversación fácil y participé de la charla que se dio con Eugenio, de local. Para mi sorpresa la conversación derivó hacia nuestras lecturas recientes. Eugenio lee los besteller de a tres, encuadernacion tapa blanda, en los recreos del trabajo–está trabajando desde la casa–o mientras espera que se haga el café. Ahora está leyendo la serie del Capitan Alatriste y hablamos un poco sobre la película. Le recomendé el Club Dumas, que siempre pensé es la mejor novela de ese autor.

Gary resultó ser también un lector ávido. Al parecer el Wall Street Journal tiene una sección o revista de crítica literaria los fines de semana, lo cual echa alguna luz sobre el misterio de que salga ese diario en Domingo. De allí tomó la recomendación de “My name is Will”, la historia de un bohemio estudiante de doctorado a quien su vida disipada le presenta múltiples dificultades para avanzar una complejísima tesis sobre Shakespeare. Al parecer lo interesante del libro es que el autor tiene un conocimiento tan cabal de Shakespeare que los personajes se comunican entre si citando diálogo y situaciones de sus distintas obras.

Después Eugenio le preguntó a Gary sobre ciencia ficción, sabiendo que ambos teníamos interés. Pareciera que Gary leyó toda la ciencia ficción que se publicó jamás, hasta sabía sobre Bioy y Borges, pero su autor favorito por lejos es un tal Robert Heinlein, a quien yo nunca había leído hasta el día anterior: por casualidad había comprado un libro por el título, “Stranger in a strange land”, sin saber nada sobre Heinlein y lo había empezado ese fin de semana. Gary comentó que es un autor muy influyente en Estados Unidos, fuera de la ciencia ficción, con cuatro obras entre las 100 más importantes del siglo XX, una de las cuales es justo la que yo estaba leyendo. Es uno de estos autores que publicó muchos libros, incluyendo algunos títulos para jóvenes y Gary nos invitó a la casa a prestarnos algunos de estos para el hijo mayor de Eugenio.

Mientras ibamos para la casa me comentó que esta novela en particular tiene dos ediciones, porque la editaron para bajarle el tono controversial en cuanto a sexo y religión. Me dijo que fue una historia muy influyente para los hippies y algunas expresiones del libro, inventadas, pasaron al lenguaje normal por un tiempo: el verbo “grok” que quiere decir entender o comprehender y “compartir el agua”, ritual impuesto por el protagonista (marciano) como señal de hermandad. Todo este contexto aumentó mi interés en la historia, que hasta el momento me había resultado curiosa sin saber por qué. Le mencioné que me llamaba la atención uno de los protagonistas, quien organiza toda la primera sección de la historia, a lo cual Gary me respondió que prácticamente había sido su role model al empezar a estudiar (es médico).  

Gary tenía más de 50 libros de Heinlein en la casa y nos presto 5 o 6. Por si acaso me prestó una copia de la edición completa de la novela en cuestión.

Poco después estaba leyendo un capítulo donde uno de los protagonistas cita asesinatos políticos famosos y ante la ausencia obvia me di cuenta: es un libro anterior al asesinato de Kennedy. Es decir que “inventa” toda una serie de cosas que después pasaron o al menos se propusieron, incluyendo toda una organización social y política del futuro, en la cual entiendo por Gary que se inspiraron–al menos en parte–los hippies.

Antes de despedirnos Gary me dijo “sos un suertudo en encontrarte un autor así a esta altura de la vida!”. Sensación con la cual me identifiqué. Para empezar a compensar le presté “Quicksilver” de Neal Stephenson.


10 de Mayo en Nueva York

Julio 23, 2008

Avo y Anahid fijaron fecha para el 10 de Mayo. Vayan haciendo las reservas!


De la fama

Julio 21, 2008

En una tienda de ropa en Nepal su gentil dueño me hizo tocar dos tejidos iguales. Los sentí similares. Luego, quemó un hilo de cada uno mostrándome la diferencia. Una hebra se consumió con rápidez emanando poco humo y la otra se retorció de a poco y produciendo mal olor. Me dijo que la primera era natural y la segunda, sintética.

Aunque las prendas llevan cosidas declaraciones juradas del 100% de sus materias primas, estas declaraciones no son 100% fidedignas, pues es evidente que existen tantas calidades de algodón como de oro o harinas. Pero no podemos ser expertos en todas nuestras elecciones. Así como en la incomprensión radica la fe, en la impericia estriba la confianza en la fama.

Creo que Virgilio fue el primero en imaginar a la fama con alas. Hoy en día se dice que la que vuela es la información. Pero yo creo que la información viaja menos que la fama, pues la información exige mi esfuerzo y la fama llega a mí impulsada por el esfuerzo de otros.

Al escuchar una fama, la considero. Y al considerarla, en parte la he aceptado. En vano busco entre mis convicciones alguna no tallada por la reiteración y el consenso.

Veo en mí que la fama suele tener más vigor que el razonamiento. En parte por falta de tiempo, pero en gran parte por ignorancia y haraganería. Me es más sencillo retornar a un lugar conocido que llegar a él por primera vez.
A veces, exijo de la fama testimonios, pruebas y argumentos, sin entender que estos debilitan a aquellos. Otras veces, soy yo quien me he comportado, aunque bienintencionado, bien necio. Creyendo la incredulidad o indiferencia de mi interlocutor defecto de su entendimiento acentúo con ademanes y firmeza de voz lo que apenas conozco y completo con mi imaginación lo que olvidé que ignoro. Creo, pero ya no sé por qué creo lo que creo. Ignoro, y hasta ignoro que ignoro.

Esta mala opinión que tengo de la fama choca con el problema de Platón. Noam Chomsky lo plantea así: ¿cómo, teniendo una experiencia tan limitada, entendemos tanto? Así surge otra cuestión: la fama no siempre es infundada, por eso parece que entendemos tanto. Sin embargo, aunque existan sus fundamentos, yo creo que casi siempre los desconozco.
A medida que pasan los años, y me veo tan incoherente en mis opiniones, más me convenzo de que las personas somos irracionales en nuestros juicios, maleables en nuestras opiniones, manejables en nuestras emociones. En muchos campos, en especial en política.

Ahora que en la Argentina corre un viento fresco de esperanza política, yo empiezo a sentir frío. Nada ha pasado, nada real, que justifique tanta vana esperanza. Pienso también en Obama, que muy probablemente gane y que simboliza tantas promesas de cambio. Y temo que él no sea más que eso, un símbolo cultural.
Porque los problemas reales de los Estados Unidos no están en la agenda electoral: el doble déficit y sus consecuentes moneda débil y deuda creciente, el futuro problema de la seguridad social, el agotamiento del actual modelo tecnológico como plataforma suficiente de ventaja competitiva, la permeabilidad a sacudones financieros por flujos de dinero supranacionales incontrolables e imprescindibles, el hábito del consumo desmedido, que impide ahorro e inversión, pero que a su vez es casi el único motor de la economía nacional… Nada de esto veo que sea tema de campaña, ni para Obama ni para su adversario ni para los medios de comunicación masiva.

Como tantas otras veces, en la mayor potencia del mundo se votará a ciegas por la fama de los candidatos y no por un modelo encabezado por un candidato. Esta insinceridad en la exposición de los problemas es origen y causa de las futuras limitaciones del nuevo gobierno para enfrentarlos.
Y es aun más penoso concluir que, siendo la república de Estados Unidos una democracia de masas irracionales, sea aun así un modelo a alcanzar para nuestro país, aun más retrasado en estabilidad política, instituciones republicanas y viabilidad económica.

Pero en todo esto puedo estar equivocado. Juzgo los hechos por sus famas. La información nunca voló hacia mí. Solo miré sus nidos, que llamo por error internest.