De los vaivenes de opinión. Ejemplo: Ernesto Sábato.

Noviembre 18, 2009

Es un tópico clásico comparar la opinión pública con el turbulento mar, por sus flujos y reflujos, porque no puede preverse si será tranquilo o indócil en un futuro próximo.

Aunque la oceanografía y la sociología hayan avanzado más que la poesía, como opinión pública parece estarnos vedado comprender nuestros vaivenes durante los hechos. Ver estos cambios, aun en retrospectiva, ayuda a poner en duda nuestras opiniones actuales.

Por ejemplo, en Argentina defenestrar al Sábato escritor está de moda desde hace tiempo; lo mismo que cuestionarle sus elogios a Videla. Tres cambios de opiniones, uno de Sábato y dos de la audiencia, pueden verse ahora como inevitables.

Para que Sábato, la comisión que presidía y el informe que publicaría, conocido como “Nunca Más”, fueran aceptados convenía ver en Sábato a alguien imparcial. Para lo que colaboraban sus atolondrados elogios de siete años atrás al “general cívico” Videla.

Y es que la opinión de Sábato había cambiado a un ritmo apenas mayor al de la opinión pública de la que él formaba parte, pues no pudo evitar ser contemporáneo a las percepciones masivas de los hechos y no quiso buscar otras. Pero la velocidad de cambio de la opinión pública, que Sábato tan bien presidía y representaba, no era la pretendida por quienes entonces accedieron al poder formal. Y al estrategia fue otra.

Fue considerado preferible acrecentar la imagen de Sábato para que, por hipálage, sus informes fueran considerados moralmente ciertos. Para ello se ensalzó la sensibilidad humanitaria de Sábato, su prestigio literario, su moderación y hasta que era prueba de honradez que viviera en su casa de Santos Lugares desde hacía tantos años, como si mudarse fuera hábito delictivo.

Además de los motivos personales que pudo tener Ernesto Sábato para aceptar presidir la comisión, el canal para persuadirlo fue seguramente familiar. Un hermano fue funcionario de Frondizi. Otro hermano lo fue de Illia. Un hijo fue luego vicecanciller y Ministro de Educación de Alfonsín.

Todo esto, que no fue casual, no significa malintencionado: políticos y clase alta gustan y precisan verse más allá del bien y del mal, con propósitos incomprensibles para las masas y que justifican algunos medios. Pero la victoria sobre lo que opinamos públicamente nosotros, las masas, es uno de sus objetivos eternos. Lo era de aquellos dirigentes, de sus adláteres y de sus circunstanciales aliados, muchos de los cuales eran parte también de la masa de opinión pública aun cuando a la vez contribuyeran a darle su provisoria forma.

En parte por el ensalzamiento de Sábato, esa victoria sobre la percepción de la opinión pública se logró. Fue victoria de convencimiento a las víctimas de la represión, para que eligieran revivir dolorosas vivencias como paso previo a que brindaran testimonio legal; victoria de información a una población que se descubría ignorante de las barbaridades del terrorismo de estado; victoria de creación de condiciones y recopilación de testimonios que permitirían enjuiciar civilmente a las Juntas Militares (acontecimiento histórico mundial que llevó a varios, como The Economist, a sostener que Raúl Alfonsín debió recibir el Premio Nobel de la Paz, según recordó el semanario a raíz del injustificable premio de este año); victoria de inaccesibilidad al poder a futuros aventureros de armas y dinero; victoria de concientización de las virtudes de la república y riesgos de las dictaduras; victoria que, por ser amplia y retomada, tenderá a ser recordada como política de estado; victoria que, por ser cultural, ha contribuido a que todo esto haya sido de largo aliento.

De esas victorias Sábato fue hacedor, entre tantos, e instrumento, entre tantos. Como instrumento fue elevado a unos altos sitiales desde donde le fue más fácil caer que mantenerse, cuando la necesidad política de sustentarlo terminó de esfumarse.

Porque tras alcanzar los grandes objetivos, ¿cuál podía ser la necesidad pública, o la conveniencia política con la cual se había confundido, por la que era bueno y útil callar pequeñas opiniones en pos de aquellos objetivos?

***

Alcanzados los villanos por el rayo del vilipendio, el prestigio de Sábato se redujo a su fama. Como sensible opinador moral que ha concluido con la causa que no había buscado iniciar, tema de tan poco interés para los medios masivos, giraban tanto las preguntas de los entrevistadores como las obedientes respuestas del famoso escritor que había presidido la CONADEP. Monotemáticas preguntas y desinspiradas respuestas terminarían transformando una imagen de referente moral en otra de depresivo hiperestésico.

A la vez, sobrevendidos sus libros, los críticos literarios y los pares del escritor retomaban tímidamente la opinión escéptica de sus virtudes literarias, en parte amparados por la acrecentada fama literaria de Borges, quien siempre había sugerido que Sábato era un escritor de segundo orden, en el mejor de los casos.

También fueron descubriendo aquellos especialistas que su timidez era cada vez menos necesaria, pues no eran acusados de reaccionarios a favor de dictaduras si sus críticas, aunque indirectas o de calculada indiferencia, se focalizaban en lo estrictamente literario. Y cuando algunos quisieron defenderse o acusar aun más, utilizaron las fútiles y pomposas declaraciones del Sábato de mayo de 1976.

Y es sugestivo que estos cambios sucedieran durante el Gobierno del sucesor de Alfonsín, el que presidió Ménem, que prefería la política de superación u olvido a la de juzgamiento de aquellos militares, cuyo infame catálogo de horrores que era el “Nunca Más” dejaba de ser noticia solo en parte porque ya lo había sido.

 ***

Aunque estas opiniones sobre motivaciones de los formadores de opinión pública son insuficientes, pues además de poca informadas les falta difíciles análisis de las condiciones que permitieron que unas opiniones generalizadas amplias pudieran ir prevaleciendo sobre otras, es para mí claro que aunque sepamos poco siempre podemos pensar mejor ese poco.

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La irrelevancia de los foros

Octubre 13, 2009

Como saben, participo de un foro de inversores en bonos. Hace unos meses nos reunimos; parece que volveremos a reunirnos en un par de semanas. Y parece que seremos más que los doce de la otra vez.

Tengo algunas ideas y quería conocer vuestras opiniones y sugerencias.

Una es que, pese a que ignoro el monto total de inversión que nos involucra, pero que estimo entre 2 y 4 M usd, aprovecháramos esa fuerza relativa de la agrupación para negociar con los agentes bursátiles comisiones más bajas.

Otra es casi similar: aprovechando esa fuerza relativa y que los que iremos seremos muchos de los escribientes de contenidos generadores de decisiones de inversión, poder negociar un combo con agentes bursátiles: la generación de contenidos y el volumen de dinero que genera comisiones a cambio de una comisión más baja.

Una tercer idea es que la cantidad de información relevante diaria y su matematización para tomar decisiones lleva mucho tiempo. Si hubiera una especie de “división del trabajo”, sería más llevadero para cada uno. Esta división del trabajo existe de algún modo, pero tan  informal y desordenadamente que no suple prácticamente la labor individual. Entiendo que el servicio que cobra Reuters por parte de esta información, pero que incluye mucha más información sobre otros instrumentos de inversión, parte de 800 usd/mes por el servicio básico y alcanza los 3,000 usd/mes por uno no tan básico. Ignoro las tarifas de Bloomberg.

Mientras tanto, relacionar eficazmente la vida real con la semi virtual que es un foro o un blog, sigue siendo como la revolución un sueño eterno.


La irrelevancia de los planetas

Septiembre 25, 2009

La empresa donde trabajo invita a los empleados a un ciclo de almuerzos organizados con alguna regularidad durante los cuales un expositor destacado en las artes o las ciencias trata algún tema durante unos 45 minutos. Hace unas semanas vino el astrofísico Neil de Grasse Tyson, director del planetario Hayden y responsable del departamento de Astronomía del Museo de Historia Natural de Nueva York.

Grasse Tyson habló de la degradación de Plutón a planeta “enano” u objeto celeste sin derecho a ser llamado planeta, tras así disponerlo la Unión Internacional de Astrónomos enuna conferencia en Praga en 2006. Acaba de publicar un libro sobre el tema, “The Pluto Files: The Rise and Fall of America’s Favorite Planet” (Los archivos de Plutón: el ascenso y la caída del planeta favorito de Estados Unidos).

La certeza sobre la falta de cualidades planetarias de Plutón, dijo, era algo  conocido en la comunidad de astrónomos pero solamente se pudo afirmar tras la muerte de Clyde Tombaugh, el astrónomo que descubrió el otrora planeta en 1930. Dijo que solo en Estados Unidos se insistía con tanta vehemencia, aún hoy, en que Plutón es planeta porque el descubridor era estadounidense y porque un personaje de Disney se llama así (Pluto, el nombre del planeta en inglés) y recibe decenas de cartas de queja en el museo de escolares iracundos o perplejos por no haber visto el planeta en los gráficos del sistema solar del museo.

De hecho, la controversia por la degradación de Plutón se produjo por una carta que había enviado al museo un escolar de 7 años alertándole que “se han olvidado de Plutón en el sistema solar”, y para mayor seguridad había dibujado un círculo celeste, mostrando cómo era Plutón. El New York Times obtuvo la carta y publicó una nota en portada sobre el tema el mismo día en que George W. Bush asumió la presidencia de Estados Unidos tras ganar con una mayoría de cinco votos sobre cuatro en la Corte Suprema.

Grasse Tyson dijo que el asunto era más importante que la condición planetaria de Plutón o, si se quiere menos importante, porque lo que estaba quedando en claro con la exploración del cosmos es la existencia de una multiplicidad de cuerpos celestes que reúnen características planetarias (orbitan en torno del Sol o un sol; tienen suficiente gravedad como para asumir una forma esférica; y tienen gravedad suficiente como para despejar su órbita de cuerpos celestes de tamaño comparable). Son tantos los planetas, que es cada vez menos relevante si un objeto cósmico lo es o no.

Es un asunto más irrelevante que la incógnita sobre la vida extraterrestre, en la cual dijo creer. Más aun, dijo sospechar que hay vida más inteligente que la humana en otras partes del universo, y expresó su inquietud de que no seamos lo suficientemente inteligentes como para comunicarnos con ella. Se sabe que hay apenas una 4 por ciento de diferencia entre el ADN de un humano y el de un chimpancé. “¡Sólo 4 por ciento y qué diferencia! ¡Las óperas, los viajes a la Luna, la torre Eiffel, las ciudades!”, se regodean los humanos, observó. Para una especie de inteligencia superior con solo un 4 por ciento de diferencia, observó, nosotros seríamos el equivalente de un simio para ellos, toda nuestra arquitectura, ciencia, ciudades, nuestras obras, “nos verían como vemos un chimpancé que inserta ramitas en un nido de termitas”. Para qué habrían de molestarse en comunicarse con nosotros. “Ninguno de nosotros se pregunta, ni le importa, si un pejerrey es más inteligente que un bagre”.


Marineros de agua dulce

Septiembre 7, 2009

Muy entretenido articulo de Krugman sobre como los economistas no lograron evitar y ni siquiera se esperaban la crisis.


Alguien que escriba algo

Agosto 12, 2009

El último post fue piantavotos. Es más, después de nuestra última discusión sobre estadística Ale y yo directamente dejamos de hablarnos.

Ale te dejé un mensaje con Santi el otro día, te llegó? Te llevo pelotitas de squash o no?


Coeficiente Z

Julio 28, 2009

Durante el viaje avancé un poco más en el libro de estadística que estoy leyendo y me parece Ale que encontré algo útil: una manera de entender que posición en la curva ocupa cada uno de los valores de una serie. El libro es en inglés e ignoro si la función se traduzca como el título, pero en todo caso el término original es “z score”. El gran condicionamiento es que sirve únicamente para curvas de Gauss o “campanas” como les dicen en inglés (por alguna causa no se las reconocen a Gauss aunque el artículo de Wikipedia sobre él está muy bien).

Al principio pensé que esto lo volvía algo muy específico, pero el libro aclara que:

“Al manejar series grandes (más de 30 valores) tomando muestras repetidas de una población, toda serie de valores comienza a representar marcadamente una distribución normal.”

Un genio ese Gauss! Es más, este hallazgo es la base para usar matemática en las predicciones o “inferencial statistics”. Justamente estoy leyendo este libro que había abandonado hace meses porque haciendo gráficos el mes pasado me encontré que me salían muchas campanas de Gauss, lo cual fue una gran desilusión: para qué hacer gráficos si uno ya sabe cómo van a ser?

Cuestión que z = (valor individual – promedio) / desvío standard. No tan difícil! En Excel se puede usar la función STANDARDIZE o NORMALIZACION en la versión en español (increíblemente encontre una página que ofrece las traducciones de funciones de Excel en distintos idiomas, una nueva demostración de que Bing da para todo)

La utilidad de conocer z es que permite determinar la probabilidad de ocurrencia de un valor en una distribución normal. Esto se debe a que en una curva normal 50% de los valores se ubican a cada lado del promedio (z = 0), 34.13% hasta el primer desvío standard (z = 1), 13.59% hasta z = 2, 2.15% hasta z = 3 y 13% cuando z > 3. Ya no importa el signo porque la curva es igual de los dos lados de 0. Para conocer la probabilidad de cualquier valor, basta despejar usando el valor de z y los porcentajes cuando z iguala a 1, 2 y 3. Aclara el libro que al principio ayuda dibujarse una curva o para mayor velocidad usar la función NORMSDIST en Excel, DISTR.NORM.ESTAND en español (qué buena esa página!) cuyo único argumento es z.

Parece una teta (dijo Manu)

Parece una teta (dijo Manu)

No tengo del todo claro si esto ya es útil para tus cálculos Ale. Falta todavía casi medio libro y puede aparecer algo mejor. A mí se me ocurre un uso práctico para fijar objetivos a los países teniendo en cuenta las diferencias culturales en cómo se comportan los medios. “Tirado!” como dirían los de la revista Mad.


Tres libros amarillos

Junio 21, 2009

Luego de varias lecturas de ciencia ficción de aquella colección de mi vecino Gary (la elección por primera frase no defraudó) me fuí de excursión al Borders a buscar algo para cambiar de tema. Revisando las mesas de novedades elegí las tres novelas más diferentes que pude encontrar, todas con la tapa amarilla según noté después. Así fue la experiencia en orden de aparición en mi sistema de suspensión de la realidad:

Tres libros amarillos y dos no

Tres libros amarillos y dos no

1 – Chuck Palahniuk “Pygmy”

Un agente secreto de un estado absolutista llega a Estados Unidos para organizar un atentado. Su absurda pantalla: estudiante de intercambio de nivel secundario. La novela es la compilación cronológica de sus reportes secretos, escritos en primera persona en un inglés a lo Borat, abundando en la crítica despiadada a los usos y costumbres de la clase media suburbana pero incorporando halagos serviles a ciertos proceres de la propaganda de su nación, incluyendo a Hitler, Mussolini, Peron, Evita, Castro y el Che. Cuanto más fuerte y violento el rechazo del protagonista, más rápido lo acepta la repugnante sociedad que se propone destruir. No faltan las escenas crudas que podemos esperar del autor de “El Club de la Pelea”: es más, la trama gira en torno a ellas. En una segunda lectura puede pasar como manual del inmigrante antisocial.

2 – Elmore Leonard “Road Dogs”

De ahí cambié a esta historia completamente dentro de las normas sociales, más aceptada que motocicleta Harley Davidson y beber en público, escrita por un “maestro del género”  de la novela negra, como rezaba la contratapa. Pese a todas estas advertencias, no pude evitar sentirme defraudado por lo previsible de la historia. El protagonista es ladrón de bancos en lugar de detective privado. Hay latinos. Rescato el estilo pulcro y no se qué más. Excelente lectura por el baño aunque se te pierda el señalador.

3 – A. Lee Martínez “Monster”

Historia ideal para Pottermaníacos con síndrome de abstinencia (me incluyo). En este caso los magos son mayores de edad y tienen trabajos rutinarios y sin sentido para pagar el alquiler igual que todos los demás mortales. Cambian las palabras y las bestias, de las cuales hay todo un repertorio dado que el protagonista hace control de plagas “criptobiológicas”. Se crean oportunidades para personajes simpáticos, como la funcionaria pública que es una diosa venida a menos y puede estar en varios lugares al mismo tiempo, lo cual aprovecha teniendo varios puestos (ni se imaginan a los ñoquis).

4. Reif Larsen “The Selected Works of T. S. Spivet”

Así fue como dos semanas más tarde Manu se iba al Borders y le pedí esta cuarta novela cuya solapa me había quedado rondando en la cabeza, acerca del viaje de un cartógrafo a través de Estados Unidos. Si Rolo y yo nos descubrimos fanáticos de los mapas en nuestro breve derrotero por Florida, el protagonista de esta historia es nuestra guía espiritual, viajando desde Montana a la capital de colado en trenes de carga mientras dibuja sus propios mapas naturalistas. La intensidad emocional está dada porque el viajero es un científico prodigio de 12 años y su viaje transcurre en la actualidad, a escondidas de los padres. El libro es un poco más ancho de lo normal y los bordes de todas las páginas están cubiertas de ilustraciones de alta precisión con sus observaciones durante el viaje, desde el sistema circulatorio del cangrejo hasta el “mapa de la soledad”, que describe la frecuencia de personas caminando solas en Chicago. Todo sigiuendo el más riguroso, sensacional e inesperado método científico, en medio de algunas aventuras por momentos terribles. Esta novela terminó siendo lo mejor que leí en todo el año, lo cual habla muy bien acerca de las recorridas por las mesas de las librerías.

Debo mejorar mis ilustraciones

Debo mejorar mis ilustraciones

5. Bryce Courtenay “The Power of One”

Siempre mis visitas a lo de Gary incluyen algún préstamo literario y este tomo de 1989 fue lo que me deparó el último paso por su casa, además del consejo de seguir alquilando en lugar de comprar casa (el cual terminamos siguiendo). Todavía no lo empecé, buscando alguna lectura más liviana.  Pero ésta es la primera frase:

“Así ocurrió. Antes de empezar propiamente mi vida, hice el habitual lloriqueo y chupeteo, lo cual en mi caso fue sobre un par de pechos negros, gigantes y suaves. En la tradición africana, continué mamando durante mis primeros dos años y medio, luego de lo cual mi madriza Zulu se convirtió en mi niñera. Era una mujer hecha para la risa, el cariño y la suavidad, que me daba de mamar acariciando mis rizos rubios con una mano tan grande que parecía envolver toda mi cabeza. Me consolaba los llantos con una canción acerca de un guerrero valiente cazando un león y la canción de las mujeres lavando la ropa junto a la roca grande del río donde los mandriles bajaban de las montañas a beber. Mi vida empezó de verdad a los cinco, cuando mi madre tuvo su crisis nerviosa. Fui separado de mi adorable niñera negra con su gran sonrisa blanca y enviado a un colegio pupilo.”

Un dato quizás relacionado es que en Septiembre uno de los hijos mellizos de Gary se va a completar el secundario a Boston, de pupilo a la misma escuela donde estudió su papá.


Fin de semana en Nueva York

Mayo 21, 2009

Pasé un fin de semana en Nueva York que creo merece una reseña. Para Avo fue una vez en la vida, pero en mi caso espero repetirlo muy pronto.

Nos hospedamos en un hotel en el Rockefeller Center, zona de la ciudad que me inspira mucho cariño desde un evento épico que me tocó organizar ahí en 2006. La historia del fin de semana completo tiene tres episodios centrales:

1 – Museum of Modern Art

El sábado salimos a caminar con Manu y advertí sorprendido que ella nunca había entrado al museo. Me pareció que le podía interesar así que nos asomamos para comprobarlo y nos quedamos 5 horas. Mi sección favorita es la de diseño, pero terminamos viendo todo. Un momento interesante en la sección de arte impreso: tienen en exposición la tapa del New York Times, pero es la del día–es decir que todos las mañanas alguien del museo reemplaza la exhibición con la plana de ese día. Me confirmó por qué, aunque lo estemos haciendo, es tan horrible abandonar el diario en papel: esa tapa es muy hermosa.

OOF en jerga Microsoft quiere decir "Fuera de la oficina"

OOF en jerga Microsoft quiere decir "Fuera de la oficina"

2 – Saquen al payaso

En lugar de una obra de teatro en Broadway, a Manu se le ocurrió ir a ver el nuevo show de Cirque du Soleil en una isla al Este de Manhattan. Literalmente montaron una carpa de circo y un espectáculo como ir al circo de chico en Mar de Ajó, pero con la delicadeza de recrearlo como lo recuerdo y no como debió haber sido. El viaje mismo a este lugar resultó bastante sorprendente, en una isla perdida con gente pescando pero cruzando el río, que ahí tendrá 100 m de ancho, del edificio de la ONU.

El pan visto desde el circo

Pan y Circo

3 – Del Hrazdan al Hudson

La fiesta de casamiento fue en un salón junto al río Hudson, también frente a la ciudad, que se fue iluminando a medida que atardecía. Sin lugar a dudas lo mejor de la noche fue la danza armenia, que todos los invitados bailamos durante horas, incluyéndonos. Fue nuestro primer casamiento armenio, así que copiamos lo que pudimos del hermano de Avo, que realmente sabía lo que estaba haciendo.  Puedo describir que se alzan los brazos y se mueven las manos, que parece griego, que todos cantaban a los gritos, pero me basta con decir que entiendo mucho más el comentario de Avo en el post anterior sobre cuando se juntan 2 armenios: es muy alegre el efecto. Había una banda en vivo, comimos, bebimos y celebramos.

East River of the West

East River of the West

Avo nos agradeció muchas veces que hayamos ido y nos sentimos muy bien recibidos, pero la verdad Avo nosotros tenemos todo para agradecer por lo bien que la pasamos. Fue una aventura en la gran ciudad que nos recordó por qué estamos juntos con Manu–lo cual es muy importante, pero todavía no te preocupes por eso–y creó mucha felicidad que esperamos les llegue con Anahid donde quiera que estén y los acompañe para siempre.


Tres sueños

Marzo 19, 2009

Corre un río torrentoso, de transparencia inmaculada, por un cañón, y en su lecho hondo corren Luna, el ovejero patagónico que Araz trajo de Calafate, y un león con las cabezas alzadas, mirándome desde abajo del agua. Corro por tierra a la par de ellos y entro en algo similar a una caverna que a poco se convierte en una galería natural, con arcos grandes y desparejos, sobre un promontorio desde el cual se avista a lo lejos la playa y el casino de Mar del Plata. Somos una caravana desordenada de gente hablando. Bajo uno de los arcos, de espaldas al mar y cubriendo parcialmente el edificio del casino, está Aram, mi primer amigo. Le digo algo en armenio. Aram no me ve. Mira la columna de caminantes, los cuenta, como si fuera un soldado custodiando prisioneros.

* * *

Contra el rincón derecho en una pequeña sala de iluminación anaranjada y mortecina está sentado Stalin, reclinado en un sillón de terciopelo verde, sonriendo y fumando una pipa. Me mira. En un diván junto al sillón, a su izquierda, una persona mayor está hablándole sin cesar, encorvado y con la cabeza inclinada hacia adelante. Creo que es Poskrebyshev. Stalin no lo mira. Tampoco lo escucha. Sonríe, fuma su pipa y me mira. Vestida de negro, entra mi abuela por la puerta a mis espaldas, enciende la luz y se va. Stalin entrecierra los ojos, molesto, como ocurre cuando la luz invade la mirada acostumbrada a la penumbra. Se derrite el maquillaje de su rostro. El hombre que puede ser Poskrebyshev sigue hablando, sin modificar la postura.
A la izquierda del cuarto hay una galería muy alta y larga, cuyo fin no veo, de ventanales afilados al estilo gótico por donde entra difuminada, entre intervalos de sombra, la luz solar.

* * *

Todos los corredores anchos y luminosos tienen paredes blancas con puertas de metal brillante, semejantes a las de frigoríficos. Los pasillos parecen irradiarse desde un centro en el que creo estar parado, y a todas partes que voy parezco estar en ese centro desde el cual se abren otros corredores. Una entrada vidriada da al exterior. Las puertas no se abren. Es un día soleado. Hay edificios altos, de ventanales espejados, entre pequeñas lomas de césped atravesadas por un camino de asfalto. No hay nadie. Estoy en un lugar de Atlanta que no reconozco, que sí reconozco que es Atlanta. Pasa alguien pálido, mirando al suelo, como si estuviera enfermo. Veo caminando con paso enérgico un sacerdote armenio, de unos sesenta años, calvo y de barba entrecana. Lo conozco. No sé quién es. Asiente en saludo y me sonríe y se despide. No me oye. Se va por uno de los corredores. Me acerco a un bebedero de metal. No sale agua. Escupo sangre.


Espadachines sobre rieles

Marzo 5, 2009

Estos días el agua del grifo de casa ha salido con un color extraño. Nadie en el edificio sabe de obras ni ha habido ningún aviso. Después de correr un poco el flujo adquiere transparencia, por lo que el asunto no me preocupa mayormente. Aun así, me trajo a la mente un episodio reciente, que a su vez atrajo recuerdos más distantes.

Viajaba un hombre con una espada enorme, algo menor que las de torneos medievales, de empuñadura muy ornada y que parecía de plástico, enfundada en una vaina improvisada con unos cartones pegados con cinta. Estaba sentado frente a mí en el tren un día soleado de julio o agosto pasado, y noté su presencia en el tramo elevado de las vías, a la salida de Manhattan cuando se entra en Queens. Parecía mulato. Estaba andrajoso y lo cubría la suciedad desde el cabello enrulado y largo hasta los bigotes que bajaban por la comisura de los labios y las zapatillas gastadas. Vestía una camiseta amarilla con un estampado de palmeras y una leyenda con el nombre del algún sitio turístico, no recuerdo si “Aruba”.

Empezó a hablar en castellano con el muchacho que estaba sentado al lado. Este se sacó los auriculares y contestaba con monosílabos, con algún retraimiento. Escuché que el pordiosero le preguntó si “sabía cómo envenenar las cañerías de agua de Nueva York”. El muchacho se puso colorado, y movió la cabeza en negación. “Yo sí”, le dijo con media sonrisa el hombre y, entre murmullos que no entendí, desenfundó de golpe la espada, verdadera como el hierro, según atestiguaba la luz difundida en la hoja. En eso el muchacho se paró y se fue a sentar al otro extremo del vagón.

El hombre enfundó la espada en la vaina de cartón y le dirigió la palabra al grandote que estaba sentado al lado mío, que lo venía siguiendo con ceño fruncido. “¿Hablas español?”, le preguntó el espadachín. “¿Qué quieles?”, le dijo de mal modo el otro, de torso unido casi sin transición, por un cuello mínimo, a la cabeza cuadrada y de nuca chata. “No me dejan en paz”, le dijo el gladiador. “No me impolta, ploblema suyo”, dijo con ademán de enojo el matón, vestido con chaqueta de cuero negro. “Ploblema suyo”. “Me persiguen”, insistió el mulato. “Ploblema suyo, ¿entiendes? Ploblema suyo”. D’Artagnan pidió perdón y el otro asintió con la cabeza, con la magnanimidad del malo que perdona. Los demás pasajeros, casi todos chinos y latinoamericanos, seguían con indiferencia aparente este intercambio.

Hace quince veranos boreales, en junio de 1993, presencié otro episodio de espadachines en trenes. Abordamos con Narciso Binayán Carmona, de La Nación, el tren que iba de Urumchi, en Uighur Xinjiang, en el Turquestán de China, a Alma Ata, entonces capital de Kazajstán. Era un tramo ferroviario entonces de inauguración reciente sobre una de las rutas de la seda. Binayán llevaba en la mano una espada de la rebelión Boxer que había comprado en una tienda de antigüedades en Pekín, cerca de Tianmen, el Templo del Cielo. El vendedor era una persona mayor que hablaba un inglés excelente, algo muy inusual en China. Binayán conjeturó que el hombre había recibido educación europea en la China precomunista. Le preguntamos y nos dijo que se había criado en Shanghai. Con mirada evasiva, triste, y sonrisa amable, casi desdentada, eludió nuestras preguntas sobre la Revolución Cultural.

Binayán, admirador de toda la vida de pueblos que repelen conquistadores extranjeros y luchan por conservar sus singularidades nacionales, atesoraba esa espada para su colección, que incluye una gran variedad de khandjares, o dagas, del Cáucaso. El mercader no supo contestar las preguntas de Binayán sobre la espada, quien quería saber si alguien había muerto por ella durante la insurrección de junio de 1900 –hacía exactamente 93 años antes, advierto ahora– contra los colonos europeos que engordaban sus fortunas con la descomposición de China.

En la inspección de maletas antes de subir al tren, un soldado tomó la espada y le hizo preguntas en chino. Una muchacha se ofreció a traducir al inglés. Le prohibían abordar el tren con la espada, por ser un arma. Toda reunión o conversación de extranjeros atraía multitudes en China en esa época. Recuerdo haberme visto rodeado de decenas de personas en Chengdu mientras trataba de hacerme entender en mis compras de camisas o discos compactos.

Con Binayan sudado y dando alaridos de ira en los idiomas que le salían (menos chino) y con una espada en mano, pronto nos vimos rodeados de una multitud de pasajeros que se retorcían de risa y de una cantidad considerable de soldados, que se abrieron paso entre la gente para rodearnos y que no reían. Binayan no quería saber nada de dejar la espada. Desenvainó súbitamente la espada trazando un amplio arco en el aire con su brazo derecho. La gente se dispersó despavorida, la mujer que hacía de intérprete huyó gritando, los soldados se abalanzaron encima de Binayan y lo sujetaron contra el piso, gritándole palabras intraducibles que sumaban a mis insultos en castellano.

No sé cómo ni porqué no terminó (o terminamos) en la cárcel, ni porqué le permitieron conservar la espada Boxer. Tampoco le pegaron. En el tren me contó que había intentado doblar la hoja de manera de quebrarla: con solo la empuñadura y la vaina tenía suficiente para colgarla de la pared. Todavía enojado, le dije que había sido una idea pésima. En circunstancias similares, la policía de Estados Unidos, quizás de las más violentas del mundo, hubiera respondido con profusión de balas, o por lo menos con una paliza abundante.

Al llegar al hotel en Alma Ata (en kazajo creo que significa “Padre de la manzana”; la ciudad ahora se llama Almaty y ya no es la capital, que fue traslada a Astana), una ciudad de población mixta rusa y kazaja, se nos acercó el vigilante del hotel, un gigante ruso y viejo embutido en un saco militar soviético con charreteras pesadas, ladrándole algunas cosas en ruso a Binayán. Éste, furioso, blandió la espada sin desenvainarla y le gritó “¡Maslo!”. El viejo gruñón dijo con voz baja y de pronto dócil, “Jorosho, jorosho” (bueno, bueno) y volvió a sentarse en el banquito cerca de la entrada.

Le pregunté después a Binayán qué era “maslo” y me dijo que significaba “manteca” en ruso. No entendí. Explicó que cuando examinaba unas dagas en Peshawar, en Pakistán, el vendedor había elogiado una diciendo, “Entra como manteca”. No sé si el portero del hotel entendió lo que quiso decirle Binayán. Se mantuvo alejado de él los dos días de estancia allí.

Binayán murió en noviembre del año pasado. Ojalá que yo esté equivocado sobre lo que nos espera, y que él esté con los buenos o incluso en lo que Hamlet llama  ”el otro lugar”, viajando y conociendo mayores geografías.

En Nueva York, quince años después, el espadachín y acaso envenenador del agua de la ciudad se bajó en una de las primeras estaciones de Queens. Lo vi irse cabizbajo por el andén, usando la espada como bastón. Justo en ese momento arremetieron en el vagón los acordes de una banda de mariachis. El matón de al lado mío me miró, se rió y agitando la cabeza dijo en castellano (casi), “Esta ciudad es un cilco”.